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Mocos, ¿amigos o enemigos?

enero 24, 2017 0 comentarios

Nuestra nariz es un filtro que evita que partículas no deseadas, como polvo, suciedad, polen, gérmenes, etc. entren en el interior del aparato respiratorio.

La mucosidad es un método de protección como respuesta de nuestro cuerpo ante una agresión, cuando estas partículas no deseadas quieren entrar hace de barrera. Los mocos tienen un trabajo muy importante, protegen nuestros pulmones, además mantienen lubricada la nariz, viéndolo así, sí que son nuestros amigos.

El problema empieza, cuando en la nariz de nuestros peques hay tanto moco que dificulta el paso del aire, ya que los bebés y niños pequeños no saben respirar por la boca, usan sólo la nariz. Entonces es cuando los mocos se convierten en enemigos. Cuando hay tanto moco en la nariz aconsejo quitarlos con los lavados nasales.

¿Qué conseguimos con los lavados nasales?

Eliminar el exceso de mucosidad, lubricar las muscosas y limpiar los conductos nasales (de polen, polvo y otros residuos que entran en la nariz). Con todo ello se prevendrán infecciones en las vías respiratorias y posibles complicaciones.

¿Cuándo debo hacer el lavado nasal?

Si vuestro peque tiene dificultad para respirar deberéis hacer lavados nasales antes de dormir, antes de cada toma y cuando lo notéis incómodo. Si el peque está sano, con una vez al día es suficiente.

¿Cómo se hacen los lavados nasales?

Para realizar la limpieza nasal necesitaremos botellitas monodosis de suero fisiológico, así como también toallas y pañuelos para secar la carita de nuestro bebé y quitar los mocos.

Los pasos a seguir son los siguientes:

  • Con el niño boca arriba con la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás.
  • Calentamos con nuestras manos la botellita monodosis de suero fisiológico.
  • Aplicamos el suero lentamente hacia el interior de la nariz por un agujero (unos 2 ml, media botellita monodosis). El suero pasará de un orificio a otro y una parte caerá hacia la parte más posterior de la nariz y hacia la garganta arrastrando moco. Los que están más pegados se hidrataran y así se despegarán más fácilmente en el siguiente lavado.
  • En bebés les cerraremos la boca, así les obligaremos a hacer una inspiración forzada. Normalmente suelen llorar, no os engaño, al llorar hacen una inspiración muy grande, lo que ayuda a arrastrar el moco.
  • Si el niño es más mayor (2-3 años o más) le pediremos que inspire con fuerza una vez hemos puesto el suero.
  • Repetiremos los mismos pasos con el otro orificio, usando la mitad restante de la botella monodosis.

Las ventajas de hacerlo así, en lugar de hacerlo de lado o sentado, es que limpiamos la parte más posterior de la nariz, donde nuestros bebés suelen acumular la mucosidad, ya que están mucho rato tumbados, al no ladear la cabeza impedimos que el suero entre en los oídos (concretamente en las trompas de eustaquio).

Los mocos pueden salir por la nariz, por la boca, que se los trague y salgan con la caquita (por esto puede cambiar su color y volverse más verde) o que los vomite.

Si sois dos personas, siempre es más fácil ya que uno podrá sujetar al bebé y el otro hacer la limpieza nasal.

¿Qué puedo hacer aparte de los lavados nasales cuando tenemos mocos?

  • Tener una buena higiene: tanto de manos como de los juguetes, y ventilar nuestro hogar.
  • Abrigarse pero sin pasarse, para evitar que nuestros peques suden.
  • Evitar contagios: si alguien está resfriado debe evitar en la medida que sea posible el contacto con un bebé, así que es mejor dejar las visitas para otro día. Si no podéis evitar el contacto, debéis evitar estornudar o toser encima del bebé y es muy importante la higiene de manos después de estornudar, toser y sonarse.
  • Evitar cambios bruscos de temperatura.
  • Mantener un ambiente húmedo: con la calefacción se reseca mucho el ambiente, así que podéis poner un vaso de agua cerca de la calefacción o bien usar un humificador (en ambos casos acordaros de cambiar el agua a diario).
    Con el humificador debemos vigilar con el grado de humedad, la humedad ideal de la habitación debería estar entre 40-60%, demasiada humedad hace que los gérmenes proliferen y si hay poca humedad, el ambiente estará seco y la nariz no estará suficientemente lubricada, por lo que se irritará más fácilmente.
    Por ello son muy recomendables los humificadores que tienen incorporado higro-termometros ya que podréis medir el grado de humedad que hay en la habitación.
    Además deberéis limpiarlos a menudo para que ellos mismos no sean una fuente de gérmenes.
  • Elevar la cuna o la cama de manera que quede un poco inclinado hacia arriba la parte de tórax y cabeza: podéis poner una almohada debajo del colchón o levantar las patas de la cabecera poniendo unas tablas debajo de ellas.
  • Si el bebé es más mayor le enseñaremos a sonarse correctamente, como si quisiera apagar la vela de un pastel sacando el aire de la nariz.
  • Beber mucho líquido así los mocos serán más fáciles de mover y sacar. En los lactantes ellos mismos lo hacen aumentando las tomas.
  • Hacer sesiones de fisioterapia respiratoria: para ayudar al bebé a eliminar las secreciones con el fin de que los pulmones, garganta y nariz estén libres de moco, y así puedan respirar mejor, por lo que podrán comer y descansar mejor.

Con las técnicas de fisioterapia respiratoria prevendremos y trataremos patologías que afectan el aparato respiratorio de nuestros niños, tales como resfriados, bronquiolitis, bronquitis, asma, neumonías, entre otras.

Con todas estas medidas conseguimos que el bebé respire, coma y descanse mejor. Por ello os aconsejo que incorporéis los lavados nasales dentro de la rutina de vuestro bebé.

Artículo escrito por:


Ester Roma
Col. 7797

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