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Noveno mes: ¡por fin te conoceré!

enero 24, 2017 0 comentarios

He de reconocer que el camino de rosas (y no tan rosas) en el que me embarqué va llegando a su fin. Todo este tiempo me he intentado imaginar cómo sería el momento, ver tu carita, tus manos, todo tú, y la emoción me invade. Si hago un recorrido por estos nueve meses de aventuras, me quedo con todos los momentos sin quitar ninguno, ni cuando me ingresaron por el cólico, ya que sin todos ellos no hubiera sido posible vivir con tanta intensidad mi embarazo.

Ahora me encuentro en ese punto de “¡que nazca ya!”. Estoy incomoda por el barrigón que tengo, casi me cuesta moverme, pies mega hinchados, tobillos de bota, además de contar con que Nil es enorme y cada movimiento suyo es un ¡au! mío.

No hay felicidad más grande en estos momentos que poner las manos en mi barriga y sentir que está ahí, nuestra comunicación a través de movimientos, el pensar que serán las últimas semanas que estemos así me da pena. ¡Echaré de menos el no tenerle dentro de mí!

Entro mil veces en su habitación imaginando como será nuestra vida siendo tres, su olor, el momento pañales o el cambio de ropa. ¿Cómo lo haremos, bien? ¿sabremos? Todas estas preguntas tontas que te surgen en momentos de nervios o miedo. Nuevamente hago un repaso: canastilla con toda la ropa y accesorios que podamos necesitar y una mochila para mí con todo lo imprescindible. Lo preparas con intención de estar el menor número de días pero nunca se sabe, así que después de repasar mil veces todo y comprobar que esta todo correcto, solo queda esperar el momento.

Visita con el ginecólogo, ya está encajado desde hace unas semanas, pero por lo visto está muy agustito porque no tiene ninguna intención de salir. Tengo monitores todas las semanas para controlar que Nil siga estando bien y, al escuchar su corazón como late con tanta fuerza, me hace coger esas mismas fuerzas a mí para pensar que todo irá bien y que el parto no será tan duro como nos lo imaginamos (o nos lo hacen ver).

Semana 40, la fecha prevista de parto ya ha cumplido y, por si fueran pocos, aumentan mis nervios, emoción, incertidumbre y un cúmulo de sensaciones se apoderan de mí.


Después de la última visita con monitores el ginecólogo decide que hay que poner fecha para inducir el parto. El primer momento de todo el embarazo en el que me vengo abajo, imaginando mil veces como sería, pero nunca pensé que podía ser así. No estaba en mis planes, o al menos no era como quería que pasara. Esperaba que fuese algo como salir corriendo, notar las contracciones, mirar a mi pareja y decirle “¡cariño, vámonos que estoy de parto!” Puede parecer una tontería, pero era mi ilusión…

Marcamos fecha en el calendario, hora de ingreso y esperar con la esperanza de que me ponga de parto.

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